Transmisión

Los seres vivos nos comunicamos en multitud de maneras, cada cual más hermosa. Los pájaros cantan, los gatos ronronean, las flores se colorean, las abejas producen feromonas, los delfines utilizan chasquidos… ¿Y cómo comunica un alfarero un cuenco? ¿Cómo lo transmite? ¿Cómo se enseña a hacer un cuenco?

Como tantas cosas en la vida, no existe una sola respuesta. Bien podría hacerlo uno cantando, si uno tuviera suficiente salero, o ilustrarlo mediante líneas y colores, con tanto o más arte; quizás mediante palabras impresas, más mecánica y técnicamente, o tal vez en algún moderno soporte audiovisual digital, capturando en imágenes el proceso. Sin embargo, solo una forma iguala en armonía a las que reproducen otros seres en la naturaleza: mediante el tacto. Este sentido, muchas veces olvidado y tan presente en lo más bonito de las relaciones entre humanos, utilizado como forma de expresión y comunicación es el más adecuado para la responsabilidad de transmitir el privilegio de ser capaz de realizar tan nobilísimo objeto. Ya sea al torno, a mano o a churro, son las manos las que hablan y las que mejor saben decir a otras manos que escuchan el camino entre lo amorfo y la silueta imaginada.

Imagen de portada: Polazzo, F., 1720. Rebecca al pozzo con Eleazar. Óleo sobre lienzo, Chiesa di San Francesco della Vigna.